Focalización externa
El relato describe a los personajes desde fuera, como una cámara: gestos y palabras, nunca los pensamientos.
En focalización externa, el narrador se prohíbe la interioridad: registra los gestos, los diálogos, las superficies, nunca los pensamientos. El lector queda ante los personajes como ante desconocidos en un café: debe deducirlo todo de lo visible.
Es el régimen del «conductismo» literario, llevado a la perfección por Hammett y por los relatos de Hemingway: la sequedad del exterior vuelve el interior tanto más presente cuanto que se calla. Exigente, la focalización externa conviene a los textos breves, a las escenas de tensión, a los momentos en que la opacidad de las personas es precisamente el tema.
Ejemplo
«Dejó la taza. Miró la hora. Salió sin una palabra.» (¿Qué siente? A deducir.)
Términos relacionados
Poner este término en práctica
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