Encabalgamiento
La frase desborda el final del verso y sigue en el siguiente sin pausa: un verso encabalgante y un verso encabalgado.
Hay encabalgamiento cuando la frase no se detiene al final del verso y se derrama en el siguiente: la sintaxis pasa por encima de la frontera métrica. El final de verso sigue marcado, por el ojo y por la rima si la hay, pero el sentido fuerza el paso. El verso que desborda se llama encabalgante; el que recibe, encabalgado.
La tradición española lo clasifica con más finura que el francés. Por la longitud de lo que cae: si el desbordamiento se agota antes de la quinta sílaba del verso encabalgado, el encabalgamiento es abrupto y el corte se oye; si llega a la quinta o más allá, es suave y casi no se nota. Por lo que se rompe: es sirremático cuando parte un grupo indivisible (sustantivo y adjetivo, verbo y adverbio, auxiliar y participio) y oracional cuando la frontera cae entre una oración y su subordinada. El caso extremo es el encabalgamiento léxico, que parte una palabra por la mitad.
Esa tensión es expresiva: el encabalgamiento imita el impulso, el desbordamiento o la caída, y puede dejar una palabra suspendida al borde del verso para cargarla de espera. En verso libre sigue siendo la herramienta principal del recorte: elegir dónde cortar la línea es elegir qué aísla el ojo.
Ejemplo
«Y mientras miserable- / mente se están los otros abrasando» — el encabalgamiento parte la palabra en dos versos.
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